Desde chiquita, cuando veía a su papá con el uniforme de bombero, Anahí Garnica soñaba con seguir sus pasos. Pero sabía que no iba a poder, porque en el escalafón Bomberos de la Policía Federal históricamente no se aceptaban mujeres. Cuando terminó el colegio industrial donde cursó su secundaria y se recibió de maestra mayor de Obras, se inscribió en la Universidad Tecnológica Nacional para estudiar Ingeniería Civil. Era 2003. Y tuvo la suerte de que justo la Federal decidió abrir sus puertas a las mujeres a modo de prueba. Ingresaron ella y otras cuatro mujeres. Eran cinco y 20 varones en el aula. “No estaban seguros de que hubiera mujeres pero querían probar”, contó Garnica, sobre ese cambio de política. En 2006, la destinaron al Cuartel 1º. Fue la primera bombera en un cuartel en la Federal. “No había ni habitación ni baño para femeninos. Me designaron a la ‘habitación de alarma’, donde las mujeres atienden el teléfono. Ahí dormía los días de guardia. Al año siguiente me hicieron una habitación para dormir durante las noches de guardia”, recordó. Hace diez guardias de 24 horas por mes, como cualquier bombero.
Es subinspectora y, al llegar al cuartel, en 2006, con 20 años, tuvo a su cargo bomberos que rondaban los 50 años y tenían larga experiencia apagando incendios e interviniendo en otro tipo de emergencias. “Algunos se resistían a la autoridad, pero a mis compañeros varones también les pasaba. No tenía que ver con el género sino con nuestra juventud”, piensa Garnica.
“Me gusta salir a incendios, ayudar a la gente, salvar sus vidas, sus objetos, sus mascotas”, dice Garnica. Está casada con un bombero del Cuartel de La Boca. “Cuando hay incendio en la Reserva Ecológica a veces nos encontramos”, cuenta. Un día llegó a salir del cuartel para alguna emergencia 21 veces. En verano, dice, lo más habitual son ascensores detenidos; en invierno, accidentes con estufas eléctricas o velas o incendios en la calle porque gente sin techo prende residuos para calentarse. Siente que cuando hay niños y niñas en los incendios, son ellas, las bomberas, las que entablan mejor vínculo y pueden contenerlos mejor.
Articulo publicado el Domingo, 17 de marzo de 2013
06/02/14 - 11:56
Anahí Garnica, una de las nueve víctimas fatales en la tragedia ocurrida ayer en Barracas, tenía 27 años, una pequeña hija y era subinspectora del Cuerpo de Bomberos de la Policía Federal Argentina. Era nada menos que la primera mujer en ingresar como bombero a esa fuerza. Según su madre, que hoy la despidió junto con familiares y amigos, "murió como ella quiso".
"Hay que estar en una familia de bomberos. Tuve a mi marido bombero, la tenía a Anahí bombero, y tengo a otro hijo, más chico, que está haciendo la carrera de bombero", manifestó Ana María Becker, la madre de la víctima.
"Venía zafando, la Virgen la venía protegiendo, pero bueno, Anahí murió como ella quiso, haciendo lo que quiso. Siempre salía con adrenalina y emoción, me contaba que era espectacular su trabajo. Dios se la llevó rápido, muy temprano, pero lo poco que vivió, lo vivió feliz", se consoló la mujer.
Emocionada, la madre contó que Anahí "no quería que la saquen de la guardia. La veía feliz, y si estaba feliz, apoyaba que hiciera lo que le gustaba. Estudiaba también arquitectura, pero era algo secundario, porque su vocación era estar con los demás, al servicio de los demás"
"Yo apoyaba mucho, rezaba por ella, pero otra cosa no podía. Era familiera, porque decía de salir de vacaciones todos juntos, alentaba a sus hermanos y a su papá para salir todos juntos", destacó Ana María.
Su padre, también bombero, comprendió mejor que nadie la vocación de Anahí. "Vivía intensamente. El tiempo que estuvo, espero que haya sido feliz. Como hija era una genia. Nosotros no tenemos nada que decir de ella", afirmó Raúl Garnica.